Cuando
uno le dedica una lectura atenta a los cuentos populares, puede percibir el
inmenso cúmulo de imágenes poéticas que existen en tales textos. Antonio
Rodriguez Almodovar ya nos avisa que mucho o casi todo lo encontrado en ellos
es significativo, y por eso la etnología, la antropología, el
psicoanálisis o la literatura tienen mucho espacio a la hora de comentar esta
clase de narrativa. Esto ha llevado a los investigadores y estudiosos a
formular teorías que van desde encontrar rastros de antiguos rituales
iniciáticos, explicar las costumbres históricas de una sociedad en un periodo
determinado e incluso encontrar similitudes con antiguas practicas
astrológicas, mágicas o alquímicas.
Pues bien, nuestro interés en la narrativa popular
o en los llamados "cuentos de hadas" radica en la existencia de
ciertos vestigios que recuerdan mucho a parte de la teoría alquímica. Esto no
es sólo una ocurrencia sin fundamento ya que existen artículos dónde es posible
observar análisis detallados sobre temas del Arte Hermético en la literatura.
Sólo bastaría dar una mirada al "Journal of American Floklore" y en
especial al escrito de N. J. Giradot "Initiation and meaning in the tale
of Snow White and the Seven Dwarfs", por ejemplo.
Del inmenso caudal de los cuentos populares nosotros hemos
decidido tomar uno que contiene algunos vestigios de información hermética,
astrológica e iniciática. La historia se llama "El enano Saltarín",
pero es más conocido por el nombre de "Rumpelstiltskin". El primer
indicio que nos hace sospechar de su contenido esotérico es cuando ocurre la transformación de la paja
en oro, la cual puede ser descrita como un proceso de transmutación, es decir
se trata de una paráfrasis de la conversión de metales no nobles en oro por
medio de la agencia de la Piedra Filosofal. Pero este hecho no debe ser tomado
en cuenta por sí solo. Debe haber otros elementos en ese cuento que nos
permitan hacer afirmaciones generales.
Vayamos ahora al grano y desentrañemos
algunos símbolos que nos ayuden a sustentar nuestras afirmaciones. Para ello
debemos recordar a grandes rasgos lo ocurrido en el cuento del “Enano
Saltarín”. En éste se nos narra la historia de una chica, cuyo padre, un
molinero, quiere darse importancia ante el rey y le dice que su hija puede
hilar paja en oro. El monarca, asombrado, pide inmediatamente la presencia de
la chica en su palacio y cuando ella se encuentra allí es encerrada en un
cuarto donde es obligada a realizar la proeza prometida por su padre. Sin
embargo, ella no puede hacerlo, comienza a llorar, y, de repente, aparece un
hombrecillo que durante tres noches le ayuda a realizar la transformación para
el rey. Durante la última noche, el enano dice a la chica que le ayudará si le
promete entregarle a su primer hijo. Ella acepta el trato. Posteriormente,
cuando el rey se da por satisfecho con todo el oro producido, decide casarse
con la hija del molinero. De este encuentro nace un heredero, el cual es
reclamado por el duende, mismo que da una oportunidad de conservarlo si la reina adivina el nombre
del hombrecillo.
De la historia anterior se desprende un
conocimiento astrológico relacionado con los personajes, el molinero, la chica,
el rey y el hombrecillo; todos ellos son símbolos que podemos comprender por su
relación con sus propias actividades.
Del padre de la joven sabemos poco; en realidad casi no se nos
dice nada en el cuento salvo su trabajo, pero eso es pista suficiente para
poder asociarlo con el molino, y especialmente a su eje el cual para algunas
culturas indica el firmamento y las estrellas que giran desde un punto, el
norte.
Ahora bien, el molinero entrega a su
hija al rey. La chica, en este caso, debe hilar. Ésta es una labor realizada en
algunas culturas especialmente por las mujeres:
Recordemos,
eso sí, la importancia ritual de ciertos oficios femeninos, que les son
enseñados durante el periodo de reclusión, sobre todo a hilar y tejer, cuyo
simbolismo desempeña un papel esencial en numerosas cosmogonías. La Luna “hila”
y el Tiempo “teje” las vidas humanas. Las diosas del destino son hilanderas.
Por una parte percibimos una relación oculta entre la concepción de las
creaciones periódicas del mundo (una concepción proveniente de la mitología
lunar) y las ideas de “tiempo” y “destino”, y por otra con el trabajo nocturno,
con el trabajo femenino, que tiene que realizarse apartado de la luz del Sol y
casi en secreto.[1]
La feminidad
está relacionada con la pasividad, el tiempo, lo cíclico, y por supuesto, la
Luna. Por tanto y a partir de las acciones realizadas por la hija del molinero,
podemos relacionar a la chica del cuento con este astro.
No sólo la chica representa las
cualidades lunares, sino también el hombrecillo del cuento. Generalmente en la
narrativa popular los ayudantes de los protagonistas son, de acuerdo con
Vladimir Propp, extensiones de las facultades del héroe o bien son la
representación del dominio de las fuerzas de la naturaleza.[2] Se
trata, pues, en el caso del “Enano Saltarín” de una exteriorización de las
facultades de la chica durante el periodo de iniciación al momento de hilar.[3]
Otro personaje importante para la
historia es el rey, del cual tampoco se nos dice mucho, salvo que tiene un
interés obsesivo con el oro. Pensamos en la existencia de una relación entre
este hombre y el metal áureo. No se trata de una simple obsesión por lo
material, lo físico y tangible, más bien nos habla de una caracterización de un
personaje por medio de un objeto. Para entenderlo recordemos que el oro está
íntimamente relacionado con el Sol debido al color amarillo y los significados
de perfección, divinidad, inmortalidad que comparten: el cuento nos dice que el
rey es el Sol.
De todas estas observaciones
astrológicas podemos concluir algo: los personajes son representaciones de los
astros. Por tanto son un imago mundi, un
microcosmos, y representan a la perfección lo dicho por la Tabla esmeralda: “Es
verdad, sin mentira, cierto y muy verdadero: lo que está abajo es lo que está
arriba y lo que está arriba es lo que está abajo; por estas cosas se hacen
milagros de una sola cosa. Y como todas las cosas son y proceden del Uno, por
mediación del Uno, así todas las cosas han nacido de esa cosa única por
adaptación”.[4]
La Tabla Esmeralda nos indica la
correspondencia de algo en escala menor con otra en una escala mayor, como el
ser humano y el cosmos o, en el caso que nos interesa, la creación de la Piedra
Filosofal y la creación del mundo. Está clase de pares son, pues idénticos,
sólo que uno representa algo pequeño y otro, lo mismo, pero más grande.
Ahora bien, la alquimia postula para la
creación de la Piedra Filosofal la unión de dos principios filosóficos, es decir
la conjunción del mercurio y la plata de los alquimistas. De acuerdo con Albert
Poisson, la identidad de tales materiales no es otra que el oro y la plata.[5]
Curiosamente, en el lenguaje hermético se les conoce también como Sol y Luna.
Por tanto, el matrimonio del rey y la hija del molinero representa la unión de
estos materiales en el frasco alquímico para la posterior creación de la materia prima o sustancia de la cual
surgieron todas las cosas.
Después de que la hija del molinero hila encerrada en una de las habitaciones
del palacio de noche y se casa con el rey, se nos narra sobre como la reina
debe descubrir el nombre del hombrecillo para no perder a su hijo. Aunque a
primera vista no resulta obvia la razón por la cual se desea al niño, podemos
dar una lectura alquímica a este suceso. Recordemos que el matrimonio entre el
Sol y Luna dará como resultado el nacimiento de la Piedra Filosofal, el cual
puede ser descrito como la resurrección de un rey o, en este caso específico,
el nacimiento de un niño, es decir el llamado Philius Philosophorum, es decir se trata de: the Philosopher Stone when it is
first born from the unión of Sol and Luna at the chemical wedding. The Emerald
Table states of this child that “the father thereof is the Sun, the mother
the Moon”.[6] Desde esta perspectiva resulta obvio que
el hombrecillo desea algo más valioso que el oro mismo, y los tratados alquímicos son unánimes en que
sólo existe algo con mayor perfección al metal áureo y es la Piedra misma.
Si seguimos el hilo narrativo del
cuento se nos narra que quien va a buscar el nombre verdadero del enano es un
mensajero, del cual no sabemos nada, salvo su actividad y los lugares que
visita. Especialmente prestemos atención donde este hombre descubre al enano y
se lo cuenta a la reina: “—Nombres nuevos no he hallado ninguno,
pero cuando llegué a un alto monte en el recodo del bosque, donde suelen
encontrarse y decirse buenas noches el Zorro y la Liebre, allí vi una pequeña
casa y ante la casa ardía un fuego y alrededor del fuego danzaba un hombrecillo
ridículo que saltaba en una pierna”.[7]
El lugar descrito por el mensajero es el otro mundo. Esto lo sabemos
porque el bosque es considerado como sitio donde se realizaban las
iniciaciones. Ahí los neófitos eran muertos simbólicamente para posteriormente
ser renacidos como nuevas personas. Además el mensajero nos dice que está en el
recodo del bosque, lo cual ya nos
indica un umbral porque no es el camino “recto” por el cual se puede transitar
libremente y por el que todos pasan, sino que uno debe dar “vuelta” para llegar
a él. Allí se nos dice que el “Zorro” y la “Liebre” se dicen buenas noches. Se trata pues de una
generalización de dos fuerzas opuestas. Ambos animales representan al cazador y
al cazado viviendo en armonía y eso sólo puede suceder en el otro mundo, porque
se trata de una suerte de paraíso donde no es necesario matar para conseguir
comida.[8]
Es en medio del bosque donde se
encuentra la casa del enano, y es solo en ese lugar dónde éste pronuncia su
nombre. De todos estos datos sólo podemos estar seguros de que el mensajero no
llegó ahí por casualidad. No se trata de un simple hombre, sino que es una
representación de Hermes, el mensajero de los dioses, capaz de viajar entre los
distintos niveles del cosmos (es por ello que entra y sale del bosque sin
problemas). Además su relación con la reina es obvia, ella tiene poder sobre
él, es decir sobre uno de los fundadores de la alquimia (si seguimos la
tradición del “Tres Veces Grande” o “Hermes Trismegisto”).
Finalmente el cuento cierra con el
descubrimiento del nombre, lo cual indica la reafirmación del poder que tiene
la reina sobre las fuerzas de la naturaleza después de la iniciación, es decir
obliga al enano a cumplir su promesa por medio de mentar su nombre y con ello
además lo domina porque saber el nombre verdadero indica también mandar sobre
el ser mismo. Esta clase de pensamiento es tan antiguo que podemos rastrearlo
desde Egipto donde Isis consiguió el nombre verdadero de Ra para tener poder
sobre él.[9] Un
pensamiento similar hallamos también en la Cábala judía la cual busca el nombre
verdadero de Dios para hacerlo aparecer ante nosotros.
[1]
Mircea Eliade, Mitos, sueños y misterios,
traducción de Miguel Portillo, Barcelona, Kairós, 2001, p. 244.
[2]
Vladimir Propp, Raíces históricas del
cuento, traducción de José Martín Arancibia, México, Colofón, 2008, p. 209.
[3]
Debemos ir con cuidado a la hora de analizar la figura del enano ya que cumple
diversas funciones dentro del relato. En
primer lugar es adyuvante, si seguimos el esquema actancial de Greimas, pero
posteriormente se convierte en oponente a la hora de querer hacer “daño” a la
princesa al arrebatarle al niño. También debe quedar claro que los estudiosos
no se ponen de acuerdo si el enano es un hombre pequeño, un duende o espíritu. Está
ambigüedad enriquece las lecturas del texto.
[4]
Luis
E. Íñigo Fernández, Breve historia de la
alquimia, Madrid, Nowtilus, 2010, p. 52.
[5]
Albert poisson, Teorías y símbolos de los
alquimistas: la Gran Obra, traducción de Luis Silva, Barcelona, MRA, 2004,
p. 55.
[6] Lyndy Abraham A dictionary of
alchemical imagery, Inglaterra, Cambridge University Press, 2003, p. 148. “La Piedra
Filosofal cuando es primogénita de la unión del Sol y la Luna en la boda alquímica.
La Tabla Esmeralda afirma de este
niño que: ‘su padre es el Sol; su madre, la Luna ’”.
(T. del A.)
[7] Jacob
y Wilhelm Grimm, Cuentos completos 2,
trad. de María Antonia Castroviejo, Madrid, Alianza, 2009, p. 107.
[8]
Vid., Vladimir Propp, Raíces históricas del cuento, España,
colofón, 2008.


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